Gritos incesantes emitidos por un
violín, de un frío violín que está siendo rasgado por una persona que, cuando
improvisa, crea arte, hay personas que tienen ese don, crear, crear un arte que
derretiría el corazón helado de una persona.
Veo a un chaval de 13 años
tocando el piano, es una obra suya, toca el piano con un talento descomunal con
el que se nota el ardiente martillear de sus dedos golpeando el piano.
En el mundo han existido montones
de genios de la música como Mozart,
Beethoven, Bach, Paganini, Vivaldi y muchos más que podría decir como Liszt que
su obra nombrada: Rapsodia húngara nº 2 rompe los moldes y muchas más obras y autores
que me podría tirar la vida escribiendo pero ver a chavales de 13 años dar la
piel en un instrumento o en cualquier otro hobby que tengan te derrite por
dentro. Pero ver que su talento sólo se lo pueden demostrar a sus padres en el salón
de su casa te llena de odio e ira.
Yendo a una escuela de música
para ver una audición en la que participará una de mis mejores amigas me
encuentro, al lado del baño, a mi misma amiga ensayando, rezando para que, ni
los dedos ni el clarinete, le fallasen en el peor momento, para no equivocarse
en el solo de su primera audición, rezando para no desafinar tocando el la,
sol, do. Una chica de ojos verdes en los que se nota el entusiasmo.
Hoy en día, cada vez, hay menos
niños que desean ser escritores. Yo, con trece años me considero escritor,
principiante, pero escritor y aspiro a hacer una obra maestra por la que todos,
algún día, me conozcan por lo que hice pero, algunos prefieren tener una moto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario