Es una chica morena de ojos azules que lleva el peso de 16
años sobre sus hombros, es una chica segura que valora lo que tiene, no es
caprichosa, puede que no sea la típica 90-60-90 pero es guapísima, la luz
brillante de sus ojos iluminaría una habitación sin ventanas a las 12 de la
noche.
Su voz, cada vez que me acuerdo de su voz gesticulando un
alago, un insulto, una palabra, una letra… me podría dormir sobre su regazo y
no despertar porque, al lado de ella me daría igual. Ella es así, espontánea,
cuando crees que todo el mundo se ha olvidado de tu cumpleaños ella está ahí
con el regalo envuelto haciéndote bromas para dártelo o no dártelo, nos reímos
y, aunque sea un libro saber que somos amigos y saber sacarte una sonrisa de esa
boca perfectamente esculpida a manos de Miguel Ángel y sí, es ella la que
estuvo todos los días viniendo a mi casa para preguntarme qué tal estaba en mi
época de enfermo por gripe. Un abrazo suyo es como tocar el cielo con la yema
de los dedos, es como el lanzamiento de un cohete al espacio, es como correr
una maratón y ganar por 5 segundos, porque en el mundo de los maratones 5
segundos son como 5 meses.
Su piel, rugosa pero suave, cuando la acaricio siento como
las hormonas se me disparan y cuando ella hace lo mismo con migo mi cerebro me
provoca una sensación que no se puede describir.
Y el pelo, la coleta que se pone cuando hace ejercicio,
cuando se pone el pelo hacia la izquierda sonriente, cuando se recoge el pelo,
cuando se lo tira para atrás con pinzas, todo eso me encanta, lo adoro.
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