domingo, 18 de marzo de 2012

Esperanza


Máximo seis meses le daban a mi padre para morir, ninguna oscura quimioterapia ni ningún tipo de medicamento le curó ese cáncer.
Poco a poco se quedaba sin su larga melena castaña hasta que no le quedó ni un solo ápice de cabello encima de sus ojos, en un mes el no se rendía, se sentía mal pero no se rendía decía que con 48 años un hombre no tiene por qué morir pero si fallecía, quería estar con nosotros, con su familia, esa familia que siempre había estado con él, apoyándolo, tirando para delante.
Dos meses, la espera se hacía eterna pero los meses pasaban volando, él no sabía que decir, todavía le quedaba optimismo dentro del cuerpo pero poco a poco creía que moría.
Tres meses, le cambiaba el humor fácilmente, a mi madre había llegado a decirle estúpida, le cogí a solas y tuvimos unas palabras.
“-Vale que estés enfermo, pero trata bien a tu familia que para algo es tu familia y son las tres personas que siempre han estado hay contigo
-Yo… no lo puedo controlar
-Solo te pido un poco de paciencia, si tu lo pasas mal imagínate nosotros que te vemos sufrir
-Ya pero…
-Solo te digo que si tienes algo que decir que te lo ahorres, mamá ha llegado a llorar por ti”
Al cuarto mes fue cuando controlaba más los cambios de humor pero ese mes marcó la vida de mi familia. Se estaba despidiendo de sus padres, de todos, no le quedaba ni pizca de esperanza, según él iba a morir, según él no merecíamos eso, él decía que le llevásemos al hospital a morir allí.
Sexto mes, si aguantaba este mes seríamos los más afortunados del mundo, iba sujetándose por las esquinas para no precipitarse al suelo pero, increíblemente la cosa iba mejor ahora andaba sólo, sin ayuda y le llevamos al médico porque esto no era normal, se había recuperado, tras todas esas horas de agonía diciendo que iba a morir le dijeron que se había recuperado, su cara fue épica, la doctora no tuvo que decirlo siquiera para que mi padre se le saltasen las lágrimas, le bastó que sonriese.

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