sábado, 3 de marzo de 2012

Lecciones de humildad (1ª parte)


Iba yo en el autobús, transporte público. Vi a un señor con unas gafas que le sustituían los ojos sentado en el asiento para discapacitados apareció una señora, aparentemente embarazada que le dijo al señor “¿sabe leer? Ese asiento es para discapacitados y embarazadas” a lo que el amable señor respondió a la vez que se levantaba “ups perdón, antes de perder la vista si que sabía leer”.
Palpando el borde del autobús intentó cogerse a las barras del aparato ya mencionado, lo consiguió con la ayuda de un amable niño, no era un niño normal, era… especial. A la mayoría de niños les daban miedo los mayores con discapacidades crueles que la vida les había otorgado pero este chaval que no creo que superase los 8 años le daba igual, él sabía que era una persona normal, sin el sentido de la vista, pero normales.
Bajábamos en la misma parada y después de despedirse del niño con el que había tenido una agradable conversación se bajó, al bajarse casi se cae, me abalanzé a el y le ayudé le pregunté que si el no tenia los palos esos que algunos ciegos suelen llevar a lo que el me respondió “no me hace falta, si me caigo: me levanto y así sucesivamente”
Su barrio me pillaba cerca así que le acompañé y tras una larga charla sobre su discapacidad decidió contarme un chiste muy gracioso sobre ciegos. 

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